El paisaje perfecto de las montañas Huangshan

Podría haber cierto consenso en que, para las culturas occidentales, el súmmum del paraíso es una playa de arena blanca en la que los cocoteros se inclinan hasta rozar unas tranquilas aguas vidriadas de color turquesa. En la cultura china, por el contrario, jirones de niebla desprendiéndose de picos afilados en los que unos pinos de copas horizontales fijan la escena es el máximo de la belleza. Ese paisaje, recreado tantas veces en los dibujos a tinta, existe. Está en las montañas Huangshan (provincia de Anhui). De ahí que los turistas chinos acudan en masa a contemplar con sus propios ojos esa perfección, aun cuando el viaje sea, sin paliativos, fatigoso.

Las montañas Huangshan son un antiguo fondo marino que emergió en tiempos geológicos. El material granítico, erosionado por los agentes atmosféricos, tomó la forma de agujas verticales que parecen inaccesibles.

En ellas, tozudamente, se ha abierto paso una especie autóctona de pino que tiene la propiedad de segregar un líquido corrosivo que deshace la piedra, para encajarse en lugares aparentemente imposibles. Esos montes, docenas de los cuales superan los mil metros de altitud, se ven muchos días al año bañados por unas persistentes nieblas.

Parece ser que hace 4.700 años el emperador Amarillo ya quedó fascinado por estos montes y se afincó en ellos. Fue a partir de entonces cuando comenzaron a tallarse los escalones que facilitan la escalada por los cientos de rincones que ofrece este paraje. Se calcula que hay más de 50 kilómetros de caminos excavados a pico en la roca. La cifra más probable de peldaños es de 60.000.

Podría haber cierto consenso en que, para las culturas occidentales, el súmmum del paraíso es una playa de arena blanca en la que los cocoteros se inclinan hasta rozar unas tranquilas aguas vidriadas de color turquesa. En la cultura china, por el contrario, jirones de niebla desprendiéndose de picos afilados en los que unos pinos de copas horizontales fijan la escena es el máximo de la belleza.

Ese paisaje, recreado tantas veces en los dibujos a tinta, existe. Está en las montañas Huangshan (provincia de Anhui). De ahí que los turistas chinos acudan en masa a contemplar con sus propios ojos esa perfección, aun cuando el viaje sea, sin paliativos, fatigoso.

Las montañas Huangshan son un antiguo fondo marino que emergió en tiempos geológicos. El material granítico, erosionado por los agentes atmosféricos, tomó la forma de agujas verticales que parecen inaccesibles.

En ellas, tozudamente, se ha abierto paso una especie autóctona de pino que tiene la propiedad de segregar un líquido corrosivo que deshace la piedra, para encajarse en lugares aparentemente imposibles. Esos montes, docenas de los cuales superan los mil metros de altitud, se ven muchos días al año bañados por unas persistentes nieblas.

Parece ser que hace 4.700 años el emperador Amarillo ya quedó fascinado por estos montes y se afincó en ellos. Fue a partir de entonces cuando comenzaron a tallarse los escalones que facilitan la escalada por los cientos de rincones que ofrece este paraje. Se calcula que hay más de 50 kilómetros de caminos excavados a pico en la roca. La cifra más probable de peldaños es de 60.000.

No hay nada más poético que la toponimia de China. Las montañas, en Huangshan, reciben nombres tan evocadores como Nubes Púrpuras, Flores del Durazno, Roca Inmortal, Pavo Real Jugando Con El Loto, Capital del Cielo, Cumbre Luminosa, Brote de Bambú, León en Cuclillas… y así hasta el infinito. Uno de los montes más buscados es el Ahora Ya Lo Creo, donde dicen que se corrobora la perfección de este paisaje chino. Y el paso más estrecho, el Lomo de Carpa, donde solo cabe una persona cada vez.

Huangshan está bien comunicada desde las principales ciudades del país, la más cercana de las cuales es Shanghai . De ahí que sean auténticos ejércitos los que acuden a la visita, especialmente en vacaciones y fines de semana. Aunque hay un teleférico que ayuda a salvar parte del desnivel, nadie se escapa de subir varios kilómetros por los escalones (7,5 por el lado “corto” y 15 por el largo) para ir accediendo a miradores y descansillos.

Hay algunos hoteles en la montaña, pero como solo se pueden llevar los suministros a espaldas de porteadores, son caros y no precisamente bien equipados. Lo mejor es programar varios días en la encantadora ciudad de Tangkou, a los pies de Huangshan, y desde allí ir probando con diferentes excursiones. Hay un servicio de palanquines que muchas personas usan, aunque parece tremendamente penoso para quienes los transportan y muy incómodos para los transportados.

Ni que decir tiene que uno de los momentos más valorados de la estancia en los montes Huangshan es ver el amanecer desde la cumbre. Pocas veces otorga satisfacción, pues las brumas apenas dejan ver nada la mayoría de días. Aunque algunos suertudos han podido contemplar el llamado Halo de Buda, cuando la refracción de los rayos crea un mágico arco iris sobre el manto de nubes.